miércoles, 9 de noviembre de 2016

La lección de la elección

Hace poco tiempo, allá en Bolivia, un amigo cubano que ya pasa de los cincuenta y que llegó a ese país a finales de 2006, me decía que en su vida sólo le habían "tocado" dos presidentes, Fidel Castro y Evo Morales. Hoy a dos meses exacto de estar en los Estados Unidos puedo decir que ya en este corto tiempo también me han "tocado" dos, pues hace pocas horas fue electo uno "nuevo".
Pude vivir parte de la campaña electoral para la presidencia de los Estados Unidos, que muchos llamaron diferente, llena de insultos, amenazas y hasta groserías que parecen disolverse como por arte de magia a partir del reconocimiento oficial de los resultados. En los días previos se desarrolló una especie de guerra mediática, incluyendo las redes sociales que nada tuvieron que envidiarle a aquello que dos siglos antes reseñó José Martí en sus crónicas, aunque a nivel de calle y cafés no se percibía esa intensa contienda.
Pero ya terminó todo, Hillary Clinton enarboló su discurso de aceptación tendiendo su mano a su oponente quien ni corto ni perezoso se dedicó a halagar a quien furibundamente había atacado durante largos meses.
No soy ni pretendo ser analista político, pero me doy cuenta que esto es algo diferente a lo que siempre he vivido. El "terrible Trump", satanizado y muchas veces de forma justificada, puede cambiar algunas cosas pero no me queda dudas que una vez en la presidencia no le retirara, por ejemplo, la licencia de transmisión a la cadena Univisión, ni perseguirá, encarcelará o convertirá en exiliado político a periodistas que le molestaron o a alguna que otra que lo acusó de toquetearla u ofenderle por tener unas libras de más. Pienso que no veré a sus oponentes acusados de terrorismo, sedición o traición a la patria, desterrados o encarcelados, ni a artistas que se expresaron libremente contra el hasta ayer candidato usando cuanto epíteto le llegó en mente, negados de entrar a territorio americano.
En cuanto a la estupidez del cacareado muro y sus amenazas múltiples, es cuestión de esperar y confiar que ha sido elegido presidente, no dictador y que quienes lo eligieron y quienes nó, tienen el derecho y los mecanismos para impedirlo.
De todas formas si "veinte años no es nada", cuatro es menos aún y si en ese tiempo no hace las cosas bien se irá y aunque las haga menos mal en ocho años ya no estará en la presidencia. Afortunadamente aquí no se ha inventado la re-reelección. Esa por fortuna es la buena lección.